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Me divorcié de su mamá pero no de él, mi hijo siempre tendrá un papá responsable


Nadie se casa pensado que un día se divorciara. Nadie tiene un hijo esperando que no vivan juntos. Nadie busca crecer, madurar y luego formar una familia para separarse meses después. Esto es lo que me paso. La ilusión llegó a mí vida el día que mi esposa, el amor de mi vida, mi novia por tres años y esposa por dos, me enseñó una prueba de embarazo positiva.

Lo recuerdo claramente, esta en el cuarto arreglándome para ir al trabajo. Ella se había despertado temprano y estaba encerrada en el baño desde que salí de la ducha. Se me hizo súper raro, pero no sospeche nada.

Escuché que ella estaba sollozando y me acerqué a preguntarle si estaba bien. Ella se cayó inmediatamente y salió a los pocos minutos. ¿Qué tienes? le pregunté. Me estiró la mano y me enseñó  la prueba. Dos rayitas bien claras, no había duda. -¿Pero por qué lloras? Es una nueva aventura que viviremos junto. La mejor de nuestras vidas-, le dije mientras le secaba las lágrimas. Ante esto, ella me sonrió, me abrazó y lloró un poco más. 

En ese momento quería calmarla, apoyarla. En realidad no entendí muy bien qué sucedía. Aún no me lo podía creer, hasta que al otro día solo estuve pensando en que seria papá.

Me llené de ilusión, moví cielo, mar y tierra para poder tener un cuartito adecuado para el bebé. Pedí un aumento en el trabajo, que siendo sincero, tengo unos jefes extraordinarios que me apoyaron con él. Cuidé de mi esposa, cumplí con cada uno de sus antojos y la protegí en cada uno de sus cambios. Fueron unos meses hermosos, de mucha emoción por conocer a mi hijo, el primer varón, a quien le enseñaría mis discos de AC/DC y a dar pases en fútbol americano.

Llegó la fecha tan esperada, la del nacimiento y mi vida cambió. Fui el hombre más feliz del mundo. A todos les quería presumir nuestra creación más hermosa, el fruto de nuestro amor. 

Sin embargo, casi un año después, sucedió lo que siempre temía, pero que jamás esperé que pasara: su mamá me pidió el divorcio. 

Así, dando un giro de 360 grados en nuestras vidas. Fue inesperado. Claro que intenté que no sucediera y luché por convencerla de continuar. Pero todo fue en vano. El amor se había terminado. Me quitó de sus planes  futuros y de los deseos que armábamos en conjunto. Se fue. Me destrozó el alma pero ella estaba firme. 

De acuerdo, ella no quiere estar conmigo, por lo que me alejé de su mamá pero de mis hijos jamás. Ellos siempre tendrán en mí un papá responsable.

No puedo dejar de recordar esta historia, todo lo que sentí desde que supe de su llegada. Ese amor tan inmenso que nunca pensé que lograría experimentar. Conozco a muchos hombres que parece que sus hijos son un estorbo, pero ese no es mi caso. Amo pasar tiempo con él, amo educarlo y estar presente. Quiero que esté seguro de que jamás me iré.

Y mi relación con su mamá es aparte. Las cosas no funcionaron como creímos. ¿Duele? Por supuesto que sí, pero es un asunto entre ella y yo que,  un asunto que no me impedirá estar siempre para mi hijo. Mi deseo es darle un buen ejemplo, quiero enseñarle a no rendirse y educar a un caballero, para que si algún día le llega a suceder lo mismo que a mí, respete y separe las historias. Que se quede en lo que debe, así como yo me quedé para él, y se aleje de lo que debe, como lo hice con su mamá.

No, en nuestra relación no hubo engaños, no hubo infidelidades, simplemente su mamá y yo no estábamos destinados a tener un para siempre. Ella es una gran mujer y una madre extraordinaria, la mejor que le pudo tocar a mi bebé. Madura, lo suficiente como para actuar como adulta cuando supo que  lo nuestro simplemente no pudo ser. Jamás me arrepentiré de lo que viví con ella y le agradezco que nuestra relación se mantenga cordial y con respeto por el bien de ambos y, claro esta,, por el bien de nuestro hijo.

Nunca le hablo mal de ella, y estoy seguro de que ella tampoco lo hace conmigo, mi hijo tiene unos padres que lo aman, lo respetan y que siempre van a ver por él. Separados, sí, pero con un amor tan intenso por nuestra más bella creación que siempre regiremos nuestra vida y decisiones a favor de él. 

Mi corazón no solo lo ama durante los fines de semana, es un amor de todos los días, y aunque a veces solo puedo verlo dos días, trato de estar ahí para él, sin importar si es jueves o es lunes. Llamadas, videos, fotos, todo lo que esté a mi alcance para que el recuerde que papá siempre estará para él.

No quiero perderme de nada de su vida.  Me encanta estar en cada etapa, desde que  él dijo 'papá' por primera vez hasta cuando cantó en el festival escolar. Quiero estar en todos sus cumpleaños, en todos sus momentos, en los más duros y en los más bellos. Celebrar junto sus logros y orientarlo cuando hace algo mal. 

De mi hijo solo me separa un papel pero la responsabilidad siempre estará presente. No dejaré de ser su papá, él no dejará de ser mi bebé.