Después de que ocurrió el incendio, Roxana, la madre de Aaron, dijo: “Estábamos dormidos. Ese día hacía calor, por lo que encendimos el ventilador, que en ocasiones se apagaba y debíamos de golpearlo para que funcionara. En un momento me desperté, no podía respirar y vi que había fuego. No había luz arriba y teníamos agua”.

Fueron los vecinos quienes trajeron agua y hasta un extintor para poder apagar el fuego. Si no fuera por ellos, el pequeño Aaron hubiera muerto. Aaron sufrió graves quemaduras en prácticamente todo su cuerpo y terminó perdiendo las manos.
Después, en septiembre, perdió a su madre debido al cáncer, quien lucho contra esta enfermedad por cuatro años.
El niño, quien aun debe de realizar diversas terapias, vive con su tía y sus cinco primos en Pilar, en un inmueble alquilado que tiene honorarios por más de 100.000 pesos.
Su tía apenas puede conseguir comida para los siete, y es que ella trabaja amasando pan. Ella apeló a la municipalidad. Ella dijo que no les pidió que le dieran algo; solo la posibilidad de tener acceso a pagar por un terreno o por una casa, pero ellos dijeron que no podían.
Para evitar el desalojo, sus vecinos organizan colectas y ferias solidarias, lo cual le permite poder pagar su cuidado, comer y tener una vivienda digna.
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