El amor verdadero jamás se extingue. Aunque tomen caminos separados, el corazón no se engaña, y a pesar de los años, aun queda una chispa. Fred y Florence son una pareja que pueden dar fe de esto, ya que ellos son testimonio real de que el amor no se acaba.
Fred Paul y Florence Harvey se conocieron en la escuela secundaria, en un pequeño pueblo de Terranova y Labrador, Canadá. Ellos estuvieron juntos por dos años. Cada noche, Paul encendía y apagaba las luces de su porche al otro lado de la bahía en la que se encontraba Harvey este era su forma de decirle buenas noches.
Pero sus caminos se separaron cuando el tenía 18 y ella 15. Paul se iría a Toronto y con el tiempo el contacto entra ambos desapareció, ambos hicieron sus propias vidas. Harvey se casó y tuvo cinco hijos, Paul tuvo 2.
En el 2017, después de 68 años, el esposo de Harvey falleció por cáncer. Tiempo después, la esposa de Paul también falleció. Al enterarse de esto, Harvey consiguió contactar a Paul para poder dale el pésame y decirle que el tiempo curarla las heridas, que entendía lo que estaba 0asando y que podía contar con ella para lo que fuera.
Esa conversación seria el inicio de algo sorprendente. Fue el día de San Valentín y ambos aprovecharon para contarse sus vidas, hablar de sus hijos y de sus nietos, al igual que recordaron sus vidas en el pequeño pueblo. La química entre ellos se fue dando sola, como si nunca se hubiera perdido. Fue entonces cuando Paul le contó que después de mudarse a Toronto, él volvió al pueblo para verla, pero que ella ya no estaba ahí.
Cuando Paul cumplía años en julio, Harvey le quiso dar una sorpresa, por lo que viajó a Toronto y le informó que estaba en la ciudad, para que ambos se reunieran.
Para ese entonces, Paul le contó a Harvey que tenía cáncer en el estómago y que en un mes se someterla a un tratamiento, sin embargo, la mujer de 81 años le aseguró que estaría con él hasta el final. Ambos no dudaban de que pasarían el resto de sus vidas juntos.
En solo tres días pudieron concretar la boda. No era una decisión apresurada de jóvenes que se dejan llevar por la vida, sino de adultos maduros y expertos que ya no están para andar con rodeos. Habían acumulado experiencias y vivencias a lo largo de sus vidas, solo necesitaban ponerlas en práctica juntos.
Ya casados, ellos 0lanean retomar los primeros pasos de su historia visitando su antiguo pueblo, el cual marcó sus infancias, donde se enamoraron por primera vez, dando el inicio de todo.