Fiona Simpson, de 23 años, conducía a casa junto a su abuela de 78 años y su hija de 4 meses cuando comenzó a llover.
La joven dijo que no escuchó ninguna advertencia, pero sabía que tenía que parar su auto cuando la lluvia empezaba a ponerse más fuerte.
“No estaba conduciendo muy rápido porque no podía ver muy bien … No podía ver nada frente a mí, ni siquiera podía ver la línea en el camino”, dijo Fiona.
Según ella, escuchó una fuerte explosión y se dio cuenta de que el agua del granizo empezaba a entrar por la ventana trasera donde estaba su bebé.
Ante esto,, ella saltó a la parte trasera de su automóvil y actuó como un escudo humano para su bebé.
Después esto se rompió otra ventana en la parte delantera del automóvil, y Fiona se movió para tratar de ayudar a su abuela, pero grandes bolas de granizo cayeron sobre ellos.
Después de que la tormenta se calmó, la mujer condujo hasta una casa cercana y pidió ayuda.
Cuando llegaron los paramédicos, la joven dijo que estaba en estado de shock y en ese momento sintió que todo su cuerpo se encontraba entumecido.
“No fue hasta que entré en la ambulancia que me di cuenta de que si no hubiera hecho esto, que me di cuenta de que mi bebé podría haber resultado herida o haber muerto, cualquier cosa podría haber sucedido”, ella declaró. Su abuela pasó la noche en el hospital Kingaroy después de que la mayor parte de la piel de su brazo izquierdo fue arrancada, mientras que la otra estaba “completamente negra” por moretones.
Mientras que Fiona tenía grandes hematomas en la mayor parte de su cuerpo, y su hija tenía pequeños “golpes” en su cuerpo.
A pesar de la terrible experiencia, la madre dijo que no dudaría en volver a hacer lo mismo.